La crisis en sus múltiples manifestaciones, inflación, estancamiento de la producción, desempleo, empobrecimiento creciente de la fuerza de trabajo, contracción de las inversiones, austeridad en el gasto público, desequilibrios económicos y financieros, acentuación de las dependencias externas y multiplicación de las tensiones sociales, permitió apreciar con mayor liquidez las raíces estructurales de los problemas de los distintos países y las consecuencias de modelos de desarrollo, que lejos de superarlos, contribuyeron, a fin de cuentas, a agudizarlos.
Panorama complejo multivalente que coloca a los países e instituciones ante enormes desafíos, hacia un futuro, incierto, pero mejor.